Una chica de cabellos oscuros, largos y ondulados, de ojos casi negros inexpresivos, aspecto de porcelana, bajita, no pasa del metro sesenta, cuerpo delgado y de hermosas curvas, una belleza sin igual de aparentes 17 años. Subía las escaleras del templo con las maletas en la mano.
AL llegar a la cima de estas dejo su equipaje en el suelo y se dirigió a un gran árbol que estaba cercado y decorado.
- Lo siento, perdóname por no haberte venido a visitar en seis años- dijo mientras ponía la mano en el majestuoso árbol, y como si este la hubiera oído una brisa meció las hojas provocando un susurro de perdón, la joven sonrió y luego se giro observando mejor el lugar.
Ya habían paso seis años desde la ultima vez que había piso aquel lugar en el que creció, que contenía tantos recuerdos de su niñez y adolescencia. Paso sus ojos sobre la cabaña del pozo mágico, los distintos almacenes del templo y entonces se dio cuenta de que uno faltaba y en su lugar solo había escombros, ya averiguar luego que paso.
Entonces escucho un ruido y se giro, y hay estaba una de las personas que mas quería, su madre, parada como estatua con una cara de gran sospesa y lagrimas en los ojos.
- Hola mama- dijo la joven con una sonrisa mas grande de ser posible, y como si hubiera apretado algún botón la mujer se lanzo a los brazos de su hija y ambas cayeron al suelo.
- Seis, seis años sin aparecer, te voy a castigar- dijo la mujer sin soltar a la joven y llorando. La joven solo rió a carcajada limpia y dijo.
- Ya no me puedes castigar- dijo separando a su madre para mirarla a los ojos.
- Me da igual soy tu madre y podre castigarte asta el día en que muera- dijo con falso enfado, que solo consiguió hacer reír mas a la joven, las dos se levantaron y se quedaron una enfrente de la otra.
- Entonces ¿cual sera mi castigo?- pregunto la joven con una sonrisa y por inercia sonrió la mujer.
- Me tienes que llevar al mejor restaurante de la ciudad- dijo la señora.
- Como usted diga- dijo la joven mientras hacia una reverencia estilo caballero. Las dos empezaron a reír tras la broma de la joven y se dirigieron a coger las maletas.
- Oye mama ¿Kagome y Sôta están dormido?- dijo mientras entraban a la casa.
- Las cosas han cambiado mucho cielo. Ven subamos las maletas a tu cuarto- dijo mientras subían las escaleras.
- No a cambiado nada todo esta igual como lo deje- dijo la chica mirando su habitación.
- Organiza un poco, bajare a preparar algo de té, después hablaremos- dijo la mujer saliendo del cuarto de la joven.
Solo se quedo mirando a su madre salir unos segundos y se puso a organizar un poco, después salio del cuarto y mientras bajaba miraba cada detalle de la casa, grande fue su sorpresa al darse cuenta que en realidad no había cambiado tanto.
- Naomi ¿has visto los pergaminos para sellar espíritus?- pregunto un anciano a la mujer mientras esta terminaba de preparar el té.
- ¿Todavía utilizas esas cosas inservibles abuelo?- Pregunto la morena mientras terminaba de bajar las escaleras, no pudo evitar soltar una risita al ver la cara del anciano.
- Ni que hubieras visto un fantasma- dijo la joven terminando de bajar las escaleras y quedándose enfrente del anciano que seguía como estatua.
- Yu ¡YUKIKO!- grito el anciano mientas se lanzaba a sus brazos y esta le devolvía el abrazo, después de haber recuperado el equilibrio.
- Ni que me hubieran secuestrado- dijo mientras reía la joven.
- Casi, o eso parecía, seis años sin mostrar tu rosto- dijo el ancianos mientras lloraba como niño.
- Bueno, vamos a hablar en la sala, han pasado muchas cosas desde que te fuiste- dijo la mujer mientras llevaba la bandeja con el té.
Llevaban casi dos horas hablando y ya eran las 11 de la noche, entre charla y charla ya se habían tomado casi cuatro tazas de té. Para sorpresa de la joven Yukiko las cosas de verdad habían cambiado y mucho.
- Así que fue capaz de cruzar el pozo- dijo mas para si que para los demás, mientras tomaba un trago de la taza humeante- Quema- susurro.
- Si, la verdad es que nosotros también nos sorprendimos- dijo la mujer dejando la taza en la mesa.
- Entonces eso significa que su amor no esta en esta época- dijo la joven dejando la taza en la mesa.
- Eso parece por que ya ves, decidió quedarse aya con él- dijo el anciano.
- Iré a visitarla mañana con Sôta- dijo mientras pensaba la sorpresa que le daría a su querida hermana.
- No vallas a causar problemas- dijo la madre mientras cogía la taza de té.
- Tranquila, intentare no dar problemas- dijo con una sonrisa burlona.
Ante la impresión la señora le escupió casi todo el té que tenia en la boca, a lo que la joven se levantó tropezando con el gato, que en algún momento se posiciono a sus pies, cayendo en la mesa mientras le caían todas las tazas enésima y de lo caliente se estaban, vuelve a levantar y cae ridículamente sentada en el sofá y empapada en té.
Tanto abuelo como la mujer no pudieron evitar reír, solo que el anciano se descostillaba de la risa.
- No tiene gracia- dijo la joven haciendo un lindo puchero.
- no, si, si que la tiene- decía la mujer mirando a su hija.
Entonces escucharon unos ruidos en la escalera, giraron el rostro para ver quien era y se encontraron con un Sôta medio dormido e impresionado al ver hay a su querida hermana. Siguió bajando como embobado no creyendo lo que veía y entonces se dio cuenta de lo ridícula que se veía su hermana y se empezó a reír calleándose de culo en el ultimo escalón.
- Jajajaja eso por reírte de mi- decía su hermana mientras se moría de la risa.
- Ya pero por lo menos yo no estoy baña en lo que sea eso- dijo el chico riéndose de ella.
- ¿Así?- pregunto son malicia y en un visto y no visto se lanzo sobre su hermano mojando lo también con té.
- ¡Estas empapada en té! - dijo el chico mientras intentaba zafarse el abrazo de su hermana que poco a poco de hacia mas pesado.
- ¡Abrazo de oso!- exclamo emocionada mientras estrujaba al pobre muchacho.
- Yukiko déjalo que lo dejas sin aire- dijo el anciano dejando de reír mientras veía divertido la escena.
- Bueno chicos, a dormir y tu- dijo la mujer señalando a su hija - Te me vas directa a da ducha.
Después del pequeño incidente todo se retiraron mientras la joven se daba una un baños de agua caliente.
-Me pregunto que ara cuando me vea- dijo la joven azabache con una sonrisa burlona en el rostro.
Poco después salio del baño y se dirigió a su habitación a dormir.
Las diez de la mañana en un hermoso domingo, los pajaritos cantaban, el cielo azul, sus nubes blancas, el movimiento de las personas, el trafico, todo eso pasa mientras una chica de hermosos cabellos azabaches se empezaba a despertar.
Abrió sus hermosos ojos oscuros y miro por la ventana de su habitación, observando un poco el día, después de unos minutos se levanto y se dirigió al baño, se ducho y aseo, se recogió el cabello en una coleta alta dejando un par de mechones de cabello a cada lado de su rostro que se rizaban, salio con la toalla alrededor de su cuerpo hacia su cuarto.En su habitación se dirigió al closet y miro unos minutos haber que ponerse.
Después de unos minutos estaba completamente arreglada, llevaba puesto una camiseta por encima del ombligo dejando ver su pirsing, esta era palabra de honor y tenia mangas anchas, también poseía un orificio en el centro del busto, una falda jean de boleros que le llegaba un poco por debajo de medio muslo, con bolsillos en la parte de atrás y unos botines negros de amarar con tacón Sus accesorios consistían en una muñequera negra con una calavera y un brazalete de plata en su brazo izquierdo y en el derecho variadas pulsera de colores predominando el negro y verde chillón. Lleva barios pendiente, en el primer agujero de la oreja derecha llevaba un pendiente como de huesos y una pluma, que colgaban asta que la pluma tocaba su hombro, encima uno de pinchos, mas arriba un aro, por encima un pirsing en espiral y en el trago otro con un pincho, en la oreja izquierda tenia una barra en la parte superior de la oreja de color rojo metal, debajo tres aros de plata y decorados, en escala de menor a mayor empezando desde arriba y por ultimo otro otro aro mas ancho con varios diseños.
Bajo por las escaleras asta el comedor y encontró a todos en la mesa esperándola para desayunar.
- ¿Tan rápido me echáis de menos que asta para desayunar me esperáis? - pregunto burlona mente con una sonrisa de lado en el rostro.
- Solo siéntate a desayunar- dijo su hermano un tanto indignado, por que su hermana tenia que ser tan, tan...
- Entonces fuiste tu quien dio la idea ¿no?- dijo mientras se sentaba. Tan estúpidamente observadora y perspicaz.
- No te burles de tu hermano, mira que nos lo pidió muy ilusionado- dijo la mujer con un deje de reproche en la voz.
- No me burlo de el mama- dijo la chica con una agradable sonrisa.
- Mejor siéntate a desayunar- dijo la mujer un tanto derrotada esa muchacha era un rompedero de cabeza.
Después desayunar Yukiko llevo a su hermano a unos de los almacenes del templo.
- Toma te aran falta- dijo entregándole una espada preciosa con la funda y el mango de un verde jade muy hermosa y una piedra de jade en el mango, también le dio dos dagas idénticas rojas y plata, con un rubí cada una en el mango.
- Esconde esas dagas en alguna parte, la espada en la cintura- le dijo mientras se sujetaba una daga de plata con una piedra roja (probablemente un rubí) en la pierda con una liga, en la otra pierna en una especie de ligero llevaba distintos tipos de navajas, en uno de los botines se escondió otra daga de plata con decoros góticos y por ultimo una espada.
Sôta se quedo muy sorprendido aquella espada era hermosa aunque tétrica, la funda de color negro, plata e incrustaciones de rubís, con hermosos diseños, no había visto nada igual, cuando su hermana la saco para comprobar su estado se quedo sin aliento, era negra, en la parte mas cercana del mango tenia tres rubís hermosos y tenia un dragón plateado tallado en toda la extensión del arma.
- Es hermosa ¿puedo tocarla?- pregunto medio embobado el chico.
- No, esta espada es un regalo que no pienso dar a nadie- dijo la chica un tanto nostálgica.
- ¿Para que me das todo esto?- dijo al final el chico.
- Vamos a ver a Kagome y es peligroso andas sin protección, así que estate atento no te confíes- le dijo la mayor mientras terminaba de arreglarse.
- Bueno vamos- dijo mientras se dirigía al pozo cogiendo a su hermano de la mano.
Ya habían cruzado el pozo. Sôta estaba subiendo el pozo al salir se quedo igual de impresionado que kagome la primera vez que apareció en esa época, solo que esta vez su pensamiento era "Que hermoso" .
- Este lugar es hermoso hermana- dijo el chiquillos mirando a todos lados.
- Verdad que si ¿Por que te crees que me gustaba tanto venir aquí?- dijo la chica con un sonrisa.
Se escucho un extraño ruido de entre unos árboles, Yukiko se puso en posición de pelea defendiendo a su hermanito, apareció una silueta un poco borrosa por que los árboles a un la tapaban.
- ¿Quienes sois? ¿Que hacéis aquí?- dijo una voz conocida para el chiquillo.
- Entonces eso significa que su amor no esta en esta época- dijo la joven dejando la taza en la mesa.
- Eso parece por que ya ves, decidió quedarse aya con él- dijo el anciano.
- Iré a visitarla mañana con Sôta- dijo mientras pensaba la sorpresa que le daría a su querida hermana.
- No vallas a causar problemas- dijo la madre mientras cogía la taza de té.
- Tranquila, intentare no dar problemas- dijo con una sonrisa burlona.
Ante la impresión la señora le escupió casi todo el té que tenia en la boca, a lo que la joven se levantó tropezando con el gato, que en algún momento se posiciono a sus pies, cayendo en la mesa mientras le caían todas las tazas enésima y de lo caliente se estaban, vuelve a levantar y cae ridículamente sentada en el sofá y empapada en té.
Tanto abuelo como la mujer no pudieron evitar reír, solo que el anciano se descostillaba de la risa.
- No tiene gracia- dijo la joven haciendo un lindo puchero.
- no, si, si que la tiene- decía la mujer mirando a su hija.
Entonces escucharon unos ruidos en la escalera, giraron el rostro para ver quien era y se encontraron con un Sôta medio dormido e impresionado al ver hay a su querida hermana. Siguió bajando como embobado no creyendo lo que veía y entonces se dio cuenta de lo ridícula que se veía su hermana y se empezó a reír calleándose de culo en el ultimo escalón.
- Jajajaja eso por reírte de mi- decía su hermana mientras se moría de la risa.
- Ya pero por lo menos yo no estoy baña en lo que sea eso- dijo el chico riéndose de ella.
- ¿Así?- pregunto son malicia y en un visto y no visto se lanzo sobre su hermano mojando lo también con té.
- ¡Estas empapada en té! - dijo el chico mientras intentaba zafarse el abrazo de su hermana que poco a poco de hacia mas pesado.
- ¡Abrazo de oso!- exclamo emocionada mientras estrujaba al pobre muchacho.
- Yukiko déjalo que lo dejas sin aire- dijo el anciano dejando de reír mientras veía divertido la escena.
- Bueno chicos, a dormir y tu- dijo la mujer señalando a su hija - Te me vas directa a da ducha.
Después del pequeño incidente todo se retiraron mientras la joven se daba una un baños de agua caliente.
-Me pregunto que ara cuando me vea- dijo la joven azabache con una sonrisa burlona en el rostro.
Poco después salio del baño y se dirigió a su habitación a dormir.
Las diez de la mañana en un hermoso domingo, los pajaritos cantaban, el cielo azul, sus nubes blancas, el movimiento de las personas, el trafico, todo eso pasa mientras una chica de hermosos cabellos azabaches se empezaba a despertar.
Abrió sus hermosos ojos oscuros y miro por la ventana de su habitación, observando un poco el día, después de unos minutos se levanto y se dirigió al baño, se ducho y aseo, se recogió el cabello en una coleta alta dejando un par de mechones de cabello a cada lado de su rostro que se rizaban, salio con la toalla alrededor de su cuerpo hacia su cuarto.En su habitación se dirigió al closet y miro unos minutos haber que ponerse.
Después de unos minutos estaba completamente arreglada, llevaba puesto una camiseta por encima del ombligo dejando ver su pirsing, esta era palabra de honor y tenia mangas anchas, también poseía un orificio en el centro del busto, una falda jean de boleros que le llegaba un poco por debajo de medio muslo, con bolsillos en la parte de atrás y unos botines negros de amarar con tacón Sus accesorios consistían en una muñequera negra con una calavera y un brazalete de plata en su brazo izquierdo y en el derecho variadas pulsera de colores predominando el negro y verde chillón. Lleva barios pendiente, en el primer agujero de la oreja derecha llevaba un pendiente como de huesos y una pluma, que colgaban asta que la pluma tocaba su hombro, encima uno de pinchos, mas arriba un aro, por encima un pirsing en espiral y en el trago otro con un pincho, en la oreja izquierda tenia una barra en la parte superior de la oreja de color rojo metal, debajo tres aros de plata y decorados, en escala de menor a mayor empezando desde arriba y por ultimo otro otro aro mas ancho con varios diseños.
Bajo por las escaleras asta el comedor y encontró a todos en la mesa esperándola para desayunar.
- ¿Tan rápido me echáis de menos que asta para desayunar me esperáis? - pregunto burlona mente con una sonrisa de lado en el rostro.
- Solo siéntate a desayunar- dijo su hermano un tanto indignado, por que su hermana tenia que ser tan, tan...
- Entonces fuiste tu quien dio la idea ¿no?- dijo mientras se sentaba. Tan estúpidamente observadora y perspicaz.
- No te burles de tu hermano, mira que nos lo pidió muy ilusionado- dijo la mujer con un deje de reproche en la voz.
- No me burlo de el mama- dijo la chica con una agradable sonrisa.
- Mejor siéntate a desayunar- dijo la mujer un tanto derrotada esa muchacha era un rompedero de cabeza.
Después desayunar Yukiko llevo a su hermano a unos de los almacenes del templo.
- Toma te aran falta- dijo entregándole una espada preciosa con la funda y el mango de un verde jade muy hermosa y una piedra de jade en el mango, también le dio dos dagas idénticas rojas y plata, con un rubí cada una en el mango.
- Esconde esas dagas en alguna parte, la espada en la cintura- le dijo mientras se sujetaba una daga de plata con una piedra roja (probablemente un rubí) en la pierda con una liga, en la otra pierna en una especie de ligero llevaba distintos tipos de navajas, en uno de los botines se escondió otra daga de plata con decoros góticos y por ultimo una espada.
Sôta se quedo muy sorprendido aquella espada era hermosa aunque tétrica, la funda de color negro, plata e incrustaciones de rubís, con hermosos diseños, no había visto nada igual, cuando su hermana la saco para comprobar su estado se quedo sin aliento, era negra, en la parte mas cercana del mango tenia tres rubís hermosos y tenia un dragón plateado tallado en toda la extensión del arma.
- Es hermosa ¿puedo tocarla?- pregunto medio embobado el chico.
- No, esta espada es un regalo que no pienso dar a nadie- dijo la chica un tanto nostálgica.
- ¿Para que me das todo esto?- dijo al final el chico.
- Vamos a ver a Kagome y es peligroso andas sin protección, así que estate atento no te confíes- le dijo la mayor mientras terminaba de arreglarse.
- Bueno vamos- dijo mientras se dirigía al pozo cogiendo a su hermano de la mano.
Ya habían cruzado el pozo. Sôta estaba subiendo el pozo al salir se quedo igual de impresionado que kagome la primera vez que apareció en esa época, solo que esta vez su pensamiento era "Que hermoso" .
- Este lugar es hermoso hermana- dijo el chiquillos mirando a todos lados.
- Verdad que si ¿Por que te crees que me gustaba tanto venir aquí?- dijo la chica con un sonrisa.
Se escucho un extraño ruido de entre unos árboles, Yukiko se puso en posición de pelea defendiendo a su hermanito, apareció una silueta un poco borrosa por que los árboles a un la tapaban.
- ¿Quienes sois? ¿Que hacéis aquí?- dijo una voz conocida para el chiquillo.
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